Último trimestre de mi año de no comprar (casi) nada nuevo y novedades a un año

Último trimestre de mi año de no comprar (casi) nada nuevo y novedades a un año

Para recordarte de qué se trata mi experimento de consumo mínimo, te dejo a continuación el mismo resumen que escribí al principio de mi informe sobre mi primer trimestre de no comprar nada nuevo:

A  mediados de octubre del 2018, a una semana de haberse publicado el reporte especial del IPCC sobre el cambio climático, decidí hacer un experimento personal/protesta social y no comprar nada nuevo por un año. (Aquí puedes descargar el reporte del IPCC completo, capítulo por capítulo, en inglés.) En mi artículo inicial describí qué se incluiría dentro de la categoría de cosas “nuevas” – o sea, qué trataría de no comprar durante este año experimental – y qué no estaría incluido.

Durante el año me tuve que recordar muchas veces que una de las “reglas” que inventé era que no debo enojarme conmigo misma ni juzgarme ni condenarme por comprar algún objeto, particularmente si no era algo absolutamente necesario. La idea era replantearme qué significa que algo sea “necesario”; cuándo es algo que quiero o deseo pero que en realidad no necesito; cómo vivir mi vida de manera aún más sencilla y sustentable. La idea era motivarme a ser más consecuente con mis valores y ojalá servir de inspiración para que otros también empiecen a cambiar sus hábitos de consumo.

Y también decidí (a sugerencia de una lectora) irles contando cómo me va en esta nueva forma de vivir con aún menos consumo.

Entonces… aquí vamos con lo que compré durante el cuarto y último trimestre de mi año de tratar de no comprar nada nuevo.

plumón (marcador) para pizarra

cinta masking (cinta adhesiva masking, masking tape, como quieran decirle)

¡Y eso fue todo! ¡Solo dos cosas en tres meses! Para ser completamente honesta, me sentí súper frustrada cuando me di cuenta que los tendría que comprar. Iba a por fin haber completado un trimestre sin haber comprado absolutamente NADA NUEVO… Y, cuando me estaba preparando para dar un taller de auto-cuidado para el capítulo de Santiago de Extinction Rebellion, me di cuenta que entre mis cosas no tenía un plumón para pizarra ni cinta masking (cosas que necesitaba para el taller) y que los tendría que comprar… Pero bueno, de todas maneras me sentí muy orgullosa de mí misma por haber adquirido solamente dos items nuevos en esos tres meses, items que me iban a ayudar a poder brindar herramientas y ánimo a mis amigues activistes.

Y un año después…

Recuerdo que en octubre del 2018, cuando recién partía con esta idea, parte de mi intención era llegar a establecer el hábito de no necesitar ni querer comprar cosas nuevas a tal profundidad que llegaría a ser mi estilo de vida… de por vida. 

Y, hasta el momento, así ha sido. 

Claramente no he sido tan extrema como lo fui en el primer año, pero ahora la mayoría del tiempo ni si quiera tengo el deseo de obtener algo nuevo. De verdad disfruto lo que ya tengo, la sencillez y simpleza de no adquirir más. Disfruto el poder ir a tiendas de emprendedores pequeños en mi barrio simplemente a vitrinear, a disfrutar del buen (o mal) diseño y darme cuenta que, aunque encuentre algo bonito, no me aflora el deseo de adueñarme de ello. Incluso no me aflora el deseo o la necesidad de comprar cosas de segunda mano tampoco. Simplemente no me dan ganas (o rara vez) de obtener más cosas, sean nuevas o no.

Quiero ser súper mega honesta con ustedes.

Junto con no sentir el deseo de comprarme algo nuevo, también emito harto juicio. Juzgo mucho a mi prójimo por SÍ querer algo nuevo. Por SÍ sucumbir a la tentación y a la presión social y al hábito de comprar, de consumir, de acaparar. Por no saber o no importarle que la Tierra no puede sustentar nuestro nivel de extracción y consumo. Por no preguntarse o no importarle cómo fue fabricada esa cosa que está comprando y cómo será gestionada al desecharse cuando llegue al final de su ciclo de vida. (Y siendo honesta, a mí también se me olvida preguntarme cómo fue fabricado algo, cómo fueron tratadas las personas que la fabricaron, etc.) Juzgo mucho. Condeno mucho. Me elevo a mi misma, me considero superior por no sucumbir, por no comprarme en mensaje de esta sociedad capitalista consumista extractivista explotadora.

Y esto es algo que estoy trabajando. Sí, he logrado inculcar en mí un amor por la vida sencilla, de poco consumo, pero el proceso de inculcar ese amor y ese hábito también ha alimentado mi tendencia hacia el juicio y justificarme y sentirme superior al otro. Y también ha traído el regalo liberador de poder identificar una herida profunda en mi psique y en mi espíritu y poder empezar a conocerla y redimirla y sanarla. 

Qué maravilla pensar que algo que pareciera ser tan sencillo – el ponerse como objetivo comprar la menor cantidad de cosas nuevas como fuera posible durante un año – tendría el potencial de poder mostrarte mucho de ti misma. Que tendría el potencial de ser una grandísima herramienta de auto-cuestionamiento, de auto-descubrimiento y de sanidad interior. La clave es darte el tiempo y el espacio para que la vida sencilla (y el Espíritu) haga su magia. 

Ya, Kari, (estarás pensando), gracias por la reflexión y whatever, pero a lo que vinimos: ¿Compraste algo nuevo desde octubre del 2019?

Claro que sí. Aunque muuuuucho menos de lo que compraba habitualmente.

Compré aros (a un artesano en mi barrio)

Perfume sólido (adoro el de Verbena Limón de Majen)

Lápices (ahora que trabajo desde la casa haciendo interpretación consecutiva por Teams, me paso la vida tomando notas y se me acaban bastante rápido los lápices)

Ampolletas (o bombillos – 2)

Filtro para la campana de mi cocina

Un computador (el antiguo ya tiene 11 años…)

2 audífonos tipo call-center para interpretar por Teams – el primero se me rompió cuando se me calló al piso

Pilas para el mouse (normales y recargables)

Botella de vidrio con rociador para limpiador de baño (de Productos VerdeAzul de mi amiga Tamara)

Cepillo de madera con cerdas de coco para limpiar el inodoro (el otro, que se me había roto hace más de un año pero que seguía usando, ya tenía las cerdas todas aplastadas por el uso y ya no servía mucho) (También de Productos VerdeAzul de mi amiga Tamara)

Aceite esencial de geranio (se me acabó el que tenía, y este lo uso para hacer mi desodorante y ojalá probar haciendo perfume sólido cuando se me acabe el que tengo)

Probablemente se me están olvidando algunas cosas, pero creo que esa lista abarca la mayoría.

Y bueno, así fue mi año después de esos excelente 12 meses de aprender a vivir comprando (casi) nada nuevo.

Me encanta mi hábito y estilo de vida de comprar menos y me encanta también el haber identificado yayitas que debo tratar y sanar.

¿Y tú? ¿Te atreves, o ya te has atrevido, a probar comprando menos cosas nuevas? Cuéntame en los comentarios.

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