Siete cambios SENCILLOS que puedes hacer esta semana para ahorrar dinero y reducir tu impacto ambiental

Siete cambios SENCILLOS que puedes hacer esta semana para ahorrar dinero y reducir tu impacto ambiental

Con la nueva sección en este blog sobre estilo de vida y sustentabilidad, te habrás dado cuenta que una de las grandes pasiones de mi vida es la salud de este planeta y de todas las criaturas que hacen su hogar en él. Creo firmemente en el poder del individuo y que, si nos unimos en cambiar la forma en que vivimos, nosotros mismos haremos un gran cambio para bien en este mundo. No solo eso, pero también tendrá el excelente efecto de ejercer presión sobre nuestros “líderes elegidos” (o “seguidores elegidos”, como dice el economista Gregory Mankiw), para que ellos en cambio puedan empujar a nuestros países a que vayan en la dirección correcta.

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Depende de nosotros que lugares como éste perduren

Y bueno, como el propósito de este blog es inspirar a la mayor cantidad de personas como sea posible a sanar sus cuerpos con cómo comen y cómo deciden vivir sus vidas, quiero también abrir un espacio importante aquí para poder ayudar a que mis lectores encuentren las ideas y la motivación para poder hacer cambios, pequeños y grandes, en sus vidas para poder mejorar la salud de nuestra tierra.

Esta entrada va a ser, valga la redundancia, a un nivel de entrada. O sea, para todos los que no saben cómo poder hacer cambios en sus vidas que, al sumarse esos cambios y si nos sumamos muchos individuos en hacerlos consistentemente, podrán tener un gran efecto en nuestro planeta Tierra. Voy a empezar con cosas sencillas que cada uno de nosotros puede hacer. Luego, en entradas futuras, pretendo aumentar el nivel de desafío. La idea es salir de nuestra comodidad. Pero hay que empezar de a poco. Si mi creo una superhéroe y decido que de un día para otro voy a hacer 100 cambios permanentes que demanden un alto sacrificio de mi parte, me voy a abrumar dentro de una o dos semanas, me voy a dar por vencida y voy a volver a vivir mi vida tal como siempre la he vivido, pero con una porción extra de desesperanza a cuestas.

piggy bank

Esa no es la idea. La forma más práctica (y que tiene mayor potencial de volverse hábito permanente) es empezar con cambios relativamente pequeños y sencillos, que no demanden un esfuerzo enorme ni un sacrificio importante y donde también puedas ver un beneficio económico. Así recibirás el refuerzo positivo para poder continuar con tu cambio, agregar otros cada vez más complejos y demandantes sin querer tirar la toalla a medio camino.

Los cambios que voy a sugerir aquí y en entradas futuras van a cubrir de todo un poco. Desde el usar menos productos químicos (así tienes mejor calidad de aire en tu casa y el producto no se va por el desagüe, acabando en el mar) hasta usar menos agua en tu vida cotidiana (el agua es un recurso cada vez más escaso). De simplemente consumir menos a abrazar un estilo de vida de minimalismo. Desde cómo vivir con menos plástico hasta el aprovechar ciertos productos que no son dañinos (ni para uno ni para el ambiente) y que tienen usos múltiples. Y, por supuesto, cómo tomar decisiones en nuestra alimentación que tendrán efectos positivos en nuestra Tierra.

Si no estás convencido de que cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de hacer lo que podamos por nuestro planeta y por quienes viven en él, te recomiendo que veas el documental Antes que sea tarde de National Geographic y Leonardo DiCaprio. Acaba de estrenarse el 30 de octubre, 2016

Siete cambios SENCILLOS que puedes hacer esta semana para ahorrar dinero y reducir tu impacto ambiental

 

Para comenzar, te dejo siete ideas de cosas que puedes cambiar esta misma semana. Para hacerlas, no tienes que comprar ningún producto nuevo ni mandar a hacer algo. La idea es que uses lo que ya tienes en tu casa para poder hacer cada una de las sugerencias que te hago a continuación.

  1. Usa bicarbonato para limpiar superficies en tu hogar. Piensa en todas las superficies de tu hogar que se van ensuciando pero que no necesariamente necesiten ser desinfectados. El lavamanos del baño, la tina/ducha del baño, paredes pintadas de blanco (el bicarbonato blanquea las superficies pintadas de color), ollas y teteras de acero inoxidable, cerámicos y azulejos y tantas otras. Todas estas cosas generalmente se ensucian con la acumulación de polvo, jabón y champú en el baño y grasa en la cocina. Y el bicarbonato las elimina todas. Espolvoréalo sobre la superficie, toma un paño húmedo (o una esponja o virutilla si es algo que requiere una herramienta más áspera) y empieza a frotar. Verás que la mayoría de lo acumulado se levantan bastante fácilmente. Recuerda que el bicarbonato corta grasa y blanquea. (En Chile puedes comprar bicarbonato por kilo en muchas tostadurías por un precio extremadamente moderado.)
  2. Usa vinagre de manzana para limpiar espejos, ventanas y llaves de agua. Hecha 1 parte vinagre de manzana y 10 partes agua filtrada a un envase con spray (como una botella vacía de laca de esas que son manuales y no de aerosol), rocía la superficie y quita con un paño de algodón limpio y seco.
  3. Toma duchas “navales”. Se llaman navales pues en la Armada, cuando los marinos están en el buque, deben ahorrar agua y, al parecer, se duchan de esta manera. Básicamente es esto: Abres la llave – a baja presión – para mojarte y la cierras. Te echas champú y te lavas el cabello y lavas tus “partes estratégicas” (no todo el cuerpo, porque el jabón destruye la capa de bacteria sobre la piel, que es parte de tu sistema de defensa). Abres la llave – siempre a baja presión – para enjuagarte rápidamente y la cierras. Te lavas el cabello una segunda vez (así no te lo tienes que lavar nuevamente mañana, reduciendo tu consumo de agua y de champú), te lo enjuagas y listo. Ducha naval. Estás ahorrando agua, el planeta se beneficia, pero también tus cuentas de agua y gas bajan.
  4. Usa aceites que tengas a mano para humectar la piel y el cabello. Una buena directriz a seguir es: si no te lo echarías a la boca, no te lo eches a la piel. OK, sé que tal vez no vayamos a seguir esto siempre (ya me di por vencida con los desodorantes naturales), pero la idea es que comencemos a movernos en esta dirección. La próxima vez que vayas a usar una crema humectante en las piernas y brazos o un aceite cosmético para tu cabello, lee la lista de ingredientes. La gran mayoría son químicos, muchos de ellos siendo irritantes e incluso cancerígenos. Recuerda que tu piel es el órgano más grande de tu cuerpo y que absorbe todo lo que pones sobre ella. Lo que absorbe va directamente a tu torrente sanguíneo. ¿Te dio nervios? Bueno, hay algo muy sencillo que puedes hacer al respecto. En vez de seguir usando esa crema para tus piernas secas, échate un aceite que ya tengas en la cocina. Para algunas personas les funciona a la perfección el de coco. Pero para otras (como mi mamá, quien tiene la piel extremadamente seca y delgada), el aceite de oliva es su humectante ideal. Anda probando lo que tengas en tu despensa y ve con cuál responde mejor tu dermis. Para el cabello, el aceite que mejor funciona (porque químicamente se parece más a la grasa producida por el cuero cabelludo) es el aceite de coco. Recuerda que la idea no es comprar un producto nuevo – usa lo que ya tienes. Mientras más usos le das a un solo producto, mejor. Así tienes menos potes y frascos llenando tu casa y finalmente llenando una planta de reciclaje, un vertedero o el mar.
  5. Lávate los dientes con aceite de coco. Cuando estés mirando los ingredientes de tu crema humectante, aprovecha de echarle un vistazo a tu pasta de dientes también. Si, lo adivinaste: ¡más químicos e irritantes! ¡Muchas pastas incluso contienen minipartículas de plástico a modo de “exfoliante” dental! Ah, nooooo, no puede ser. Bueno, te tengo una alternativa ultra sencilla y multifuncional: el aceite de coco. El aceite de coco tiene muchísimas propiedades maravillosas que lo hacen la crema dental ideal. Es antibacterial, antimicrobial, antifúngico, antiinflamatorio, entre otros. Échale una bolita del tamaño de una arveja (guisante o chicharo) y cepíllate los dientes muy suavemente, para no dañar el esmalte. Cepilla por al menos 2 minutos (idealmente de 3 a 5 minutos) y escupe. NO TE TRAGUES EL ACEITE pues recoge bacteria, microbios, hongos, etc. que están en tu boca. Enjuaga con agua tibia. Si quieres ese gusto a menta refrescante, échale una gotita de aceite esencial de menta a tu cepillo junto con el aceite. RECUERDA comprar orgánico y, para mantener las propiedades mencionadas anteriormente, que sea prensado en frío (cold pressed). Al prensarlo NO en frío, se calienta el aceite, y al calentarse, ya no mantiene su integridad.
  6. Usa lo mínimo de papel higiénico. Esta es una de esas cosas culturales chilenas (y muy probablemente de otros lados también) que no soporto. Se usa papel higiénico aquí como si se estuviera saliendo de la ducha y hay que secarse toooooodo el cuerpo. Pareciera que nos da exactamente lo mismo que el Confort, como se le dice acá, no estuviera echo de árboles disecados, procesado con muchísima agua y blanqueado con cloro que destruye nuestras aguas. Más en cima, el producto es carísimo, pero ni eso pareciera motivarnos a usar menos a la hora de ir al baño. MUJERES, no es necesario usar montones y montones de Confort. Tal vez esto sea demasiada información, pero yo uso dos cuadritos. DOS. Lo arrugo bien sueltecito para que haya hartos huecos de aire y así no se traspasa la orina a mis dedos. Pero mujeres – ¡ES TU ORINA! No te va a hacer daño. Para eso se lavan las manos después. Y si te da mucho asco, OK, en tu casa, ten una botella de esas con punta, como las de mostaza, con agua, y la usas para enjuagarte luego de hacer pipí. Listo. Limpiecita.
  7. ¡¡Reutiliza reutiliza, reutiliza!! Esto se aplica a un sinfín de cosas, pero por hoy, lo aplicaré a las bolsas de plástico que ya tienes en tu casa. (Disclaimer: La idea es no usar bolsas de plástico sino las reutilizables como Envirosax y EarthWise, pero vamos empezando de a poco.) Si vas al supermercado, lleva bolsas para echar las frutas y verduras en vez de usar las nuevas del súper.Si la bolsa está sucia, lávala y tiéndela a secar. Si empieza a romperse, repara el agujerito con cinta adhesiva. Ten en mente que esa bolsa que fue hecha para usarse una sola vez y botarse es hecha de un material virtualmente ETERNO. Trata de mantener esa bolsa fuera del vertedero por el mayor tiempo posible, y reutilízala hasta que ya no la puedas reutilizar más. Esto también cuenta para las bolsas Ziploc. ¡Esas cosas son caras! Ahórrate tus buenos pesos al simplemente lavarlas y volverlas a usar. Lo mismo con bolsas de basura. Usa las bolsas que ya tienes en tu casa. Y por supuesto, si comienzas con simplemente generar menos basura, no tendrás que usar muchas bolsas de basura. (También, cuando voy a las casas de amigos que siguen echando sus compras del supermercado y de las tiendas en bolsas de plástico, les pregunto si puedo llevarme algunas de sus bolsas para usarlas como bolsas de basura. Así al menos reciben un uso más antes de ir al vertedero.

¡OK! Ahí tienes tus siete ideas de cosas que puedes cambiar a partir de hoy mismo. Cuéntame cómo te fue con este desafío. Escríbeme con lo que ya has cambiado en tu estilo de vida y con los que otros lectores podrían inspirarse.

¡Anda y cambia el mundo, un granito (o granote) de area a la vez!

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