La basura, el entorno, y yo. Interconectados

Vivo a 12 minutos caminando de la playa del Lago Llanquihue aquí en Puerto Varas, y como mi ejercicio preferido es caminar, bajo al lago casi todos los días. A veces con un cojín y un libro para sentarme en una de mis varias rocas favoritas a leer, a veces con mi bitácora, a veces simplemente a caminar. Y algo que hago con frecuencia es recoger basura. Sí, recojo muchas latas de cerveza (especialmente los sábado y domingo por la mañana) que llevo al centro de reciclaje (el aluminio es casi infinitamente reciclable, y el vidrio también). Pero lo que más recojo es basura que ya está demasiado degradada o sucia para poder reciclar. (Además, el reciclaje del plástico es casi puro greenwashing… Mejor evitar el plástico de frentón…)

Basura que recogí la semana pasada en un pedacito de la Costanera de Puerto Varas, Región de Los Lago, Chile

Siempre refunfuño que por qué somos tan cochinos, tan basurientos, qué cómo no nos da vergüenza dejar nuestro entorno sucio y feo… Emitiendo juicio a diestra y a siniestra. Feo de mi parte. Y sintiéndome superior por 1) Notar la suciedad y 2) Hacer algo al respecto. También feo y arrogante de mi parte. Mal… Es algo que estoy trabajando… algunos días con más éxito que en otros…

Colillas de cigarrillo que recogí en un área de unos 15cm x 15cm en la playa de la Costanera de Puerto Varas, Región de Los Lagos, Chile.
Una colilla de cigarrillo contamina hasta 1.000 litros de agua.

Pero hoy me di el tiempo para reflexionar en mayor profundidad sobre por qué tendemos a botar envoltorios y latas en nuestro entorno.

Todo está conectado. La forma en que trato al otre es como me trato a mí misme. Como pienso acerca del mundo natural es como pienso (consciente o inconscientemente) acerca de mí misme. Lo que le hago al mundo natural le hago a mí misme.

Si tratamos al entorno como basurero, ¿nos estamos tratando a nosotres mismes como basureros también? Basta con analizar qué comemos, con qué información y entretención nos nutrimos, con qué personas nos rodeamos…

Si ensucio mi entorno – mi hábitat – ¿será que pienso que no soy digne de un entorno limpio? ¿Que no soy digne de rodearme de belleza?

¿No nos creemos dignes de respeto, de cariño, de cuidado? ¿De amor?

¿No creemos que en algún momento vamos a cosechar lo que hemos sembrado?

Si yo no creo en mi dignidad como ser humano… Si no creo que soy digna de ser cuidada, de ser respetada, de ser amada, de tener un entorno limpio y hermoso, ¿quién me lo enseñó? ¿Quién se beneficia de que yo crea estas cosas acerca de mi misma? ¿Acerca de les demás? ¿Acerca del planeta?

Y ¿cuál es la verdad, entonces?

¿Cómo puede empezar a cambiar mi percepción de mí misme y, por consiguiente, de les demás y del mundo natural que me rodea?

Lo que a mí me ayuda en mi proceso de re-aprendizaje, o de re-cableado de mi cerebro y de mi forma de ver el mundo y la vida misma, es:

1) Escribir. A mano, en una bitácora. La práctica de escribir a mano le obliga a mi cerebro a ir más lento para que mis pensamientos no se tropiecen unos con otros, y así me doy la oportunidad de desenredar mis sentimientos, mirarlos más de cerca, y entender qué estoy sintiendo y pensando y cómo estos están relacionados entre sí.

2) Hablar con personas que me conocen bien y me quieren, y a quienes respeto. Puede ser sumamente útil escucharte a ti misme, y sentirte acompañade por alguien que, además de conocerte y quererte, sabe escuchar *bien* . Alguien que es muy capaz en el arte de la escucha activa. Y que es también capaz de decirte la verdad.

3) Psicoterapia. Ha sido mi salvavidas.

4) Libros. No hay partes malas, escrito por Richard Schwartz; When religion hurts you, escrito por Laura E. Anderson; y Polysecure, escrito por Jessica Fern, han sido de gran apoyo en el último año y medio.

Supongo que lo que quiero decir es esto: Cuando vemos que hay algo mal en el mundo, animémonos a ir más allá de la crítica y el juicio, y miremos la problemática en mayor profundidad. Preguntémonos cuáles podrían ser las causas raíz. Preguntémonos cómo tal o cual hábito o costumbre sociocultural podría ser un reflejo de nuestra relación con nosotres mismes; de nuestro autoconcepto; de heridas psicoemocionales de nuestra niñez/adolescencia/adultez… Vamos más allá. Miremos al otre y a la sociedad con ojos de curiosidad, amor y compasión. (Me estoy predicando a mi misma aquí, porque ayayay, que me cuesta no juzgar y condenar a la sociedad y al otre… Pero recordemos que el objetivo no es la perfección; es el progreso. Es avanzar hacia una actitud y una práctica de curiosidad, amor y compasión.)

Y bueno… Les dejo con eso… Con el desafío de ir más allá de las conclusiones fáciles y ahondar, buscar qué habrá debajo que está motivando el trato dañino de nuestro entorno.

Leave a comment