Durante mis 20s, fui bastante irresponsable con mi dinero. Era consciente del concepto de establecer y seguir un presupuesto personal, pero no tenía idea cómo hacerlo. Así que… gasté no más.
Y el año que cumplí los 30, mi mamá casi me obligó… qué ‘casi’ – me obligó – a tomar un curso de finanzas personales.
Y aprendí un montón.
Les voy a compartir los conceptos y hábitos más importantes que aprendí y que me ayudaron a pagar mis deudas, y nunca volver a endeudarme.
Antes de empezar, les cuento un poquito acerca de los dos conceptos fundamentales del health coaching integrativo formulado por el Institute for Integrative Nutrition (IIN), donde estudié Health Coaching.
Alimento primario y secundario
En IIN, desarrollaron los conceptos del alimento primario y el alimento secundario. En síntesis: está lo que comes y bebes (alimento secundario) y el resto de tu vida (alimento primario). Puedes seguir una dieta absolutamente limpia que incluye cero procesados, cero ingredientes artificiales, cero conservantes, todo orgánico y de la zona, y bebes solo agua hiperpurificada y té verde (todo esto vendría siendo alimento secundario). Ahora imagina que detestas tu trabajo, tus seres más cercanos traen caos a tu vida y te quitan energía, y no tienes tiempo ni espacio para la creatividad y la diversión. No importa cuán ‘limpia’ sea tu dieta – si hay grandes desequilibrios en el resto de tu vida, no lograrás tus objetivos de salud si no haces cambios graduales para equilibrar, poco a poco, esas otras áreas que te quitan horas de sueño, te generan estrés y aportan a la inflamación y malestar que sientes.
IIN presenta 4 áreas principales de la vida como ‘ingredientes’ del alimento primario: Profesión, Relaciones, Actividad física, y Práctica espiritual. Y estas a su vez son subdivididas en un total de 12 áreas: finanzas, carrera profesional, educación, salud, actividad física, comida casera, ambiente en el hogar, relaciones, actividad social, alegría, espiritualidad, y creatividad.
Debido a que muchos de nosotros nos sentimos económicamente estresados, y porque muchas de las discusiones y tensiones con los seres más cercanos tienen que ver con el dinero, quiero empezar esta serie acerca del alimento primario con las finanzas personales. Si logramos hacer cambios en nuestros hábitos económicos, y tal vez sanar un poco nuestra relación emocional y espiritual con el dinero, es muy probable que veamos y sintamos mayor equilibrio en otras áreas de nuestras vidas.
Te invito que a hagamos el experimento.
Primer paso:
No cambies nada: sólo registra
Sip.
Por los próximos 30 días, no cambies nada en tus hábitos de consumo. Sigue comprando los lattes de siempre, las compras del supermercado de siempre, la ropa, extras, salidas a comer, al cine, al happy hour después del trabajo, el Uber, el pedido online, las monedas que le das a la persona pidiendo afuera de la estación del metro. No cambies nada.
Sólo registra cada compra: la fecha, el monto en dinero, qué fue lo que compraste. Crea una planilla Excel o registra las compras en un cuaderno. No importa cómo ni donde, sólo importa que registres cada vez que compras o pagas algo.
Segundo paso:
Nota y escucha
Luego, al finalizarse los 30 días de registrar los egresos, estudia tu lista con atención. Nota cuánto dinero gastaste en entretención (cine, conciertos, salir a comer, salir a tomar un café/respostería/un snack de camino a casa del trabajo, etc); cuánto gastaste en ropa, zapatos, accesorios, papelería (no necesaria para tu trabajo); cuánto en Uber o Cabify cuando pudiste haber tomado locomoción colectiva o haber caminado; etc. Y nota cuánto gastaste en cosas necesarias (supermercado y tal) y cuentas mensuales obligatorias (arriendo/hipoteca, agua, luz, gas, internet, celular, etc.)
Te invito a que te tomes unos minutos para aquietar tu mente y escucharle a tu cuerpo y a tus emociones. ¿Qué sientes cuando miras al papel o la hoja de Excel y ves cuánto dinero ‘desapareció’ en los últimos 30 días en lattes o trozos de carrot cake de tu cafetería favorita? ¿Hay nerviosismo? ¿Hay culpa? ¿Hay ansiedad o vergüenza o rabia?
El propósito de este ejercicio no es hacerte sentir mal ni emplear una versión moderna de autoflagelo. No. El propósito es identificar a dónde va tu dinero cada mes, escucharte a ti misme, reconocer esas emociones y sensaciones físicas, y darles las gracias por el mensaje que te están dando. Y luego de reconocer y agradecer, soltar cualquier sentimiento de culpa o autocastigo que pueda haber, y preguntarte:
¿Qué quiero hacer al respecto de mis patrones de gasto?
Si quieres hacer un cambio en tu conducta econónica, puedes partir con preguntarte: ¿cuántos de estos gastos son innecesarios? ¿Puedo empezar a hacerme el café en casa con más regularidad y comprar un café fuera de vez en cuando? ¿Puedo organizar mi tiempo para poder preparar más de mis comidas en casa?
Recuerda no hacer cambios enormes de un día para otro, ni una seguidilla de cambios; eso lleva a la desmotivación y a tirar la toalla. Es importante tomar pasos pequeños y logrables, y encontrar a personas en tu círculo de apoyo que estén de tu lado en estos cambios que quieres hacer.
Si tienes el hábito de comprar un cappuccino mediano todos los días de camino al trabajo, tal vez considera reducir esa compra a 3 días por semana y los otros dos llevar tu café de la casa. Si normalmente sales a comer o pides por UberEats dos o tres veces por semana, tal vez puedes probar haciendo una comida más a la semana en casa. Y cuando ya te sientas cómode con ese cambio, puedes aumentarlo a dos comidas más en casa por semana, pidiendo un UberEats a la semana, y finalmente pidiendo un UberEats al mes, por ejemplo, o menos. Puedes aumentar a 4 cafés por semana que haces en casa y llevas al trabajo. Y así.
Si quieres probar haciendo tu propio presupuesto para tener aún más visibilidad y control de tus finanzas, te invito al siguiente ejercicio.
Y ahora… lo divertido: hacer tu propio presupuesto

(Trigger warning: el recurso que te voy a compartir es de una organización cristiana protestante. En el diagrama a continuación, hay mención de diezmo.)
(Disclaimer: Este post no es patrocinado ni financiado por Crown Financial)
En el 2013, yo no tenía idea cómo administrar mis finanzas. Estaba pagando mi crédito universitario, mis ingresos eran modestos, y gastaba como si mis ingresos fueran… em… no modestos. Así que mi madre querida me dijo: Kari, la próxima semana parte un curso gratuito en la iglesia de administración de finanzas personales, y tu vas a ir. Y no tienes excusa para no asistir, porque yo también voy a tomar un curso en la iglesia todos los miércoles, así que tienes tu “ride” ida y vuelta. (Vivía en el campo, al frente de mis papás, y me era complicado ir a la ciudad de noche en locomoción colectiva… peeeeero mi mamá había pensado en eso y me dejó sin escapatoria con su malévolo plan de tomar un curso a la misma hora que yo 😀 )
Ese curso fue uno de Crown Financial, especialistas en finanzas, famosos en iglesias cristianas protestantes de todo el mundo, incluyéndose la iglesia a la que asistíamos mis papás y yo en aquellos años. Apliqué lo que aprendí en ese curso y… para serte completamente honesta, me cambió la vida.
Y lo quiero compartir con ustedes, solo que sin el baggage de la terminología cristiana, doctrinas y teología ni devocionales. (You’re welcome.)
Paso 1:
Completa la planilla a continuación con tus ingresos y gastos actuales. Si la suma iguala más que tus ingresos, completa la planilla nuevamente pero con montos ajustados para que la suma de tus gastos sea igual o menor a tus ingresos. Esta última planilla es tu nuevo presupuesto.
Para ayudarte a seguir tu nuevo estilo de vida económico, cuéntale a alguien en tu red de apoyo (familiar, amigue, pareja) que estás haciendo algunos cambios en tu relación con el dinero y pídele que te anime a mantener el compromiso que has tomado con manejar menor tus finanzas. Esto es un compromiso con su salud económica, sí, pero también es un compromiso con tu salud mental y emocional. Y recuerda: el dinero que tienes en tu cuenta no te define, y no te da ni te quita valor como persona. El dinero es una herramienta, y es posible aprender a administrarla y a usarla de manera tal que te beneficie a ti, a tu familia (legal y/o elegida), y a nuestra tierra.


Para calcular gastos variables que no son mensuales (ej: vacaciones, dentista, médico, seguros anuales, ropa, etc.), toma el monto del año anterior, suma el aumento de inflación, y divídelo por 12 para obtener una cifra estimada mensual.
En la página de Crown puedes encontrar una variedad de planillas que definen qué porcentaje de tu ingreso debe dedicarse a cada uno de estos 13 ítems generales según tu conformación familiar (1 persona, con roomies, pareja, sin hijos, con 2 hijos, etc). Los puedes revisar y descargar aquí.
La idea es que cada vez que tengas un cambio en tus ingresos, debes ajustar tu presupuesto. Para quienes son trabajadores independientes (como yo), nuestro ingreso cambia mes a mes, por lo que podemos simplemente tomar nuestros ingresos del año anterior (suponiendo que seguimos en el mismo rubro) y dividirlos en 12 para tener nuestro presupuesto mensual. Lo que yo he hecho en el pasado es apuntar a gastar bastante menos de lo que gané el año anterior para así no quedar corta y poder ahorrar mes a mes, y también ser más generosa con donaciones mensuales a mis organizaciones favoritas.
Si luego de emplear este proceso de revisión de gastos, generar tu presupuesto y ponerlo en práctica… si quedaste con ganas de tomar un desafío más, puedes probar por unos meses (o el tiempo que quieras) mi gran experimento de no comprar nada nuevo. ¡Verás una diferencia enorme en el saldo de tu cuenta bancaria! Te sobrará más para así poder ahorrar más Y dar más. Me encantaba poder dar más y más a mis organizaciones ambientales sin de fines de lucro favoritas. ¿Te imaginas cómo sería este mundo si todos compráramos menos ropa y menos café y le donáramos más a organizaciones como Treedom y The Bay Foundation?
¿Hagamos esto juntos? ¿Revisemos nuestros hábitos de gastos, generemos nuestros propios presupuestos, y pongámoslos en práctica? ¿Y sin culparnos ni autocastigarnos ni tratarnos mal a nosotres mismes? Recuerda que esto es un proceso de desaprender nuestros hábitos antiguos y formar hábitos nuevos, y eso toma tiempo e implica caerse de vez en cuando, retroceder, querer tirar la toalla… Todo eso es normal. Háblate con ternura. Tente paciencia. Háblate como le hablarías a tu sobrine favorite, con cariño y comprensión. ¿Gastaste 7% más de lo que tenías presupuestado para entretenimiento para el mes? No pasa nada. Levántate, sacúdete la tierra de la ropa, y vuelve a intentarlo.
Te abrazo.


