Una de mis prácticas favoritas para cuidar mi salud mental es salir a caminar, sea donde sea que esté. Soy amante de la belleza, y sus destellos me alegran el corazón y me alivian la angustia. Al abrirme a la belleza, la noto constantemente. En los detalles arquitectónicos de la casa patrimonial de la esquina. Un abejorro tapado de polen, yendo de flor en flor. El mosaico de un chilco en una pared. El gatito que cruza la calle para saludarme. El rumor de la brisa en las hojas del maitén en la plaza de armas. Las hojas del avellano iluminado a trasluz. Al notar esos detalles, siento una sensación de asombro. A veces se me eriza la piel, siento que puedo respirar un poco más hondo, más libremente. Me siento más relajada, más conectada al mundo que me rodea, y más feliz.

Y hay ciencia que nos explica cómo funciona esto.
El científico Dacher Keltner estudia el asombro y su impacto en nuestra salud. (Puedes leer su libro más reciente, Awe, o puedes buscar entrevistas con él en YouTube. Están todos en inglés, pero en YouTube puedes poner subtítulos en español. No va a ser la mejor traducción del mundo, pero al menos podrás tener una buena idea de cuáles han sido los hallazgos de sus investigaciones.)
Te puedes estar preguntando: ¿cuáles impactos positivos tiene el asombro en el humano? Según Dacher Keltner, el asombro mejora nuestra sensación de maravilla y significado en la vida, y aumenta la rigurosidad de nuestro pensamiento. También eleva el tono de nuestro nervio vago y reduce nuestra inflamación sistémica.
Dr. Keltner indica que el modo default o predeterminado del cerebro tiende a desactivarse cuando sentimos asombro. El modo predeterminado es cuando me enfoco en mí misma, me detengo en recuerdos de mí misma, tareas que debo cumplir y actividades en las que debo tener éxito, etc. El asombro tiende a bajarle el volumen a ese modo, lo que libera espacio mental y emocional para pensar en cosas mayores.
El asombro también puede mitigar las respuestas del estrés y del temor. Esa emoción de maravillarnos ayuda a poner nuestras preocupaciones y estrés en una perspectiva más realista – ya no tan abrumadora. El reducir el estrés significa una reducción de la hormona cortisol, lo cual tiene como resultado una reducción de la inflamación en nuestro organismo. Recordemos que casi toda enfermedad está conectada con la inflamación, así que el poder reducir esa inflamación es algo sumamente positivo.

El asombro desactiva la amígdala, la parte anciana (evolutivamente hablando) del cerebro que detecta amenazas. Cuando la amígdala está activada, estamos en el estado de luchar, huir, congelarse o adular (activación del sistema nervioso simpático), y cuando está desactivada la amígdala, el sistema nervioso parasimpático se activa e induce un estado de descansar y digerir. O está uno activado o el otro – no pueden los dos sistemas nerviosos funcionar al mismo tiempo. Es cuando estamos en un estado de activación del parasimpático (SNPS) que nuestro cuerpo puede (como ya habrás adivinado) descansar y digerir, y también sanar, crecer, procrear, jugar, etc.
Nuestro organismo evolucionó para poder funcionar con períodos cortos y agudos del sistema simpático (para poder luchar contra la amenaza inmediata, o huir o congelarse o adular, dependiendo de cuál calce mejor en aquel instante.) Al terminar de lidiar con la amenaza (suponiendo que sobrevivimos a la amenaza, claro), nuestro cuerpo desactiva el SNS y activa el SNPS. En nuestro entorno actual, hay estreses pequeños y constantes – el tráfico, los correos, el WhatsApp, las noticias y redes sociales, y las mil y una otras exigencias del mundo moderno – y nuestro SNS está constantemente activado, con el cortisol fluyendo por nuestras venas y aumentando nuestra inflamación sistémica, llevando al burnout, depresión (estas, junto con la soledad, son conocidas como las enfermedades del siglo 21), cáncer, y cuánta otra enfermedad.
Por eso lo importante de tener herramientas sencillas a nuestro alcance, como es el cultivar el asombro en nuestras vidas, para poder desactivar nuestra amígdala y activar nuestro SNPS y el estado de descanso y digestión.
¿Cómo saber cuando el sistema nervioso parasimpático está activado? Tendemos a respirar más hondo, se nos abren bien grande los ojos, nos da la clásica “piel de gallina”, a veces se nos llenan los ojos de lágrimas, nos pueden dar ganas de lanzar una carcajada. ¡Y vamos, que se siente bien!
Ahora que estamos todes ultramega convencides de lo bien que nos hace sentir asombro, ¡salgamos a cultivarlo!
Cultivando el asombro
Dr. Keltner sugiere algo sencillo y lograble: agendar 10 minutos a la semana para cultivar el asombro.
Perfecto. Y ¿cómo lo cultivamos?
Depende de qué te traiga asombro a ti en particular, pero Keltner nos da algunas ideas.
Si te gusta la música, escucha una pieza de música que te maraville, que te haga erizar la piel, que haga brotar lágrimas en tus ojos. Para mí, es generalmente la música a capella que me genera una respuesta emotiva fuerte, y también la música clásica en vivo. Para mi pareja, son ciertos tipos de metal en vivo. Sea cual sea la música que te emociona, escúchala más seguido.

Si eres amante de la naturaleza, sal a caminar en ella. Y cuando estés en el bosque o caminando por un parque en medio de la ciudad o por la playa o recostade en el patio de tu casa observando una flor, anda lento, permitiendo que todos tus sentidos se abran para poder notar la belleza y los detalles que te rodean. Recuerda respirar profundo y relajar el cuerpo. (Todo lo que enseña Keltner acerca del asombro se conlleva muy bien con la práctica de la gratitud. Si quieres saber más acerca de cómo poder cultivar la gratitud, puedes leer este artículo que escribí en el blog.)

Algo que menciona Dacher Keltner es lo que él llama la belleza moral. Toma dos o tres minutos y visualiza la cara de una persona que admiras por la bondad que ha traído al mundo. Puede ser un personaje famoso como Nelson Mandela o la Madre Teresa, o alguien que ha sido importante en tu vida como algún pariente, profesores, directores espirituales, etc. Ahora piensa en sus cualidades de belleza moral, su bondad, su ternura, etc.
Tal vez prefieras algo súper cortito, como esta práctica de 1 minuto. Toma 1 minuto para sentarte en un lugar tranquilo, guardar tus dispositivos electrónicos, relaja el cuerpo, y piensa en algo misterioso o que te maraville.
Si te gusta la literatura o textos sagrados, toma algunos minutos a la semana para reflexionar acerca de una cita que te inspire y motive. Para mí, los poemas de Hafiz y Mary Oliver tienen ese efecto.
Si tienes hijes o sobrines, anda en busca de asombro con elles. Cuando somos pequeñites, el asombro es nuestro estado automático – todo nos parece una maravilla. El bichito que está trepando por el árbol, el pistilo de una flor, la sensación del pasto en nuestros pies descalzos, el sabor de un helado… Pasa tiempo con niñes y déjate contagiar con su asombro natural ante de la vida.

El servicio comunitario también nos hace maravillarnos. El ayudar y apoyar a otre sin esperar nada a cambio nos saca de nuestro ensimismamiento y nos recuerda que somos parte de una comunidad, de un Todo. También es un antídoto potente para la soledad.
Y aunque estés sole, sin otra persona o animal acompañándote, el asombro mismo es otro antídoto para la soledad. Salir a caminar en la naturaleza (lo puedes pensar como una cita contigue misme y el mundo más-que-humano) cultiva el asombro y te hace sentir parte de una comunidad más amplia.
Hay muchas formas adicionales de buscar y encontrar el asombro en nuestro día a día, pero creo que con eso ya tenemos hartas ideas para inspirarnos y actuar.
Como dijo mi hermano mayor hace años cuando me estaba quejando de lo que yo consideraba la fealdad de las praderas canadienses en invierno: La belleza nos rodea por todos lados – sólo debes buscarla. Y creo que podríamos decir lo mismo acerca del asombro.
El asombro nos rodea por todos lados – sólo debes buscarlo.
