
Tengo tanto que quiero escribir y compartir y no sé por dónde empezar… ni en cuánta profundidad entrar… Bue… empezaré con… algo.
No he publicado nada hace bastante tiempo… Hace 4 años ya. Wow. ¿Por qué? Pues… he hecho muchos cambios en mi vida y no he sabido cómo integrar el blog en esos cambios.
Partamos por el gran cambio que he tenido en mi perspectiva acerca de las dietas como Paleo.
Cuando empecé el Gran Experimento de transformar mi alimentación y estilo de vida hace cerca de 14 años, me maravillé con cuanto mejor me sentí: menos síntomas digestivos, menos síntomas depresivos, mejor calidad del sueño. Y cuando le agregué Crossfit a la ecuación, era como si algo mágico hubiera ocurrido en mi cuerpo y en mi mente. Nunca me había sentido tan bien física, energética, ni mentalmente… hasta que me lesioné una vez demás y me resigné a la triste realidad de que mis articulaciones no resisten el nivel de impacto ni repetición que exigen los deportes de alta intensidad como el Crossfit… Y también está el pequeeeeño detalle que entrené demasiado duro para mi cuerpo, cuando lo más sabio hubiera sido dar mi 70% y no mi 100% 😦
Transformar radicalmente mi alimentación y mi estilo de vida en general al probar con Paleo en el 2011 fue la decisión correcta para mí, para poder sentir que tenía algo de control sobre mi salud, cuando durante una década había sentido que no tenía nada de control sobre ella. Ni médicos ni psicólogos me habían dado respuestas ni soluciones duraderas a mis condiciones crónicas ni a mi estado anímico. Pero Paleo, el protocolo autoinmune y de vez en cuando Low FODMAP, me estaban dando resultado.
Hasta que mi salud mental empezó a decaer nuevamente y pude identificar que el nivel de restricción inherente al Paleo estaba teniendo un efecto negativo psicoemocional que pesaba más que los beneficios físicos de este estilo de vida. El decirme que no todos los días, múltiples veces al día; el impacto que eso conllevó en mi vida social y por lo tanto emocional; mis tendencias hacia lo obsesivo, querer tener control, y ser bastante juzgadora (gracias, crianza cristiano protestante) redundaron en que desarrollara ortorexia, un trastorno alimentario aún no reconocida por el DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).

La ortorexia se caracteriza por una obsesión con la alimentación limpia/saludable (calidad y pureza) y ansiedad relacionada con el mantener ese estándar de alimentación; sentirse obligadx a seguir una dieta restrictiva y equilibrada; rituales alimentarios que no tienen un rol práctico pero que la persona siente que debe seguir; sensación de culpa cuando “rompe” sus propias reglas de alimentación; miedos irracionales asociados a su alimentación; pérdida de interés en otros aspectos de su vida debido a dedicarle tanto tiempo, espacio mental y esfuerzo a su alimentación; sentirse superior (juzgar) a los demás por su estilo inferior de alimentación; e identificación del autoestima con la alimentación. 1 y 2 “Finalmente, la elección de alimentos se vuelve tan restrictiva, en variedad y calorías, que la salud sufre – un vuelco irónico para una persona completamente dedicada a la alimentación saludable”. 3

Yo estaba experimentando casi todas esas características, en diversos niveles de intensidad. Ya no quería sentir que debía decirle que no a tantos alimentos que disfrutaba y que me alimentaban el alma. Ya no quería complicarme tanto la vida y tener que leer toda la carta online de un restorán antes de poder decir “¡Sí! ¡Salgamos a comer!”, tener que llevar mi propio alimento a casa de amigos cuando me invitaban a comer, tener que llevar toda mi propia comida (casera) cuando debía viajar por trabajo.
Así que decidí empezar con probar con lo que más extrañaba: el pan. Y decidí probar con un pan que tuviera la menor probabilidad de provocarme molestias digestivas pero que fuera realmente delicioso y de una textura maravillosa: el pan de masa madre de mi panadería de barrio, donde creo que hacen una fermentación de +/- 24 horas.
¿Hubo efectos negativos en mi digestión, como gases e hinchazón? Sí. ¿Valió la pena? Para mí, sí. Así que decidí seguir probando con otras cosas que extrañaba, como los rollos de canela hechas con masa de croissant y las galletas de esa misma panadería. ¡Dios mío santo señoooooorrr, pero qué delicia! ¿Malestar digestivo? Sí. Pero, ¿corazón contento? ¡Muy! ¿Culpa?…
Culpa… Sí… Para serles honesta, me sentí algo hipócrita, o como que estaba siendo deshonesta con mis lectores o guardando secretos o como que les estaba engañando, al no publicar algo inmediatamente en Instagram o aquí en el blog, “confesándome” y contándoles que ya no estaba siendo estrictamente Paleo… Y aquí sigo, con un blog que se llama Sencillamente Paleo. Oh, la ironía…
Estaba siguiendo las pautas del Paleo más o menos a un 80%, y con eso me sentía lo suficientemente bien como para decidir probar con las legumbres (zona gris para muchos del mundo Paleo). ¿Gases? Sí. ¿Muchos? Más de lo que me hubiera gustado que provocaran, a pesar de dejar las legumbres remojando por un mínimo de 24 horas antes de cocinarlas, y botar el agua de cocción antes de preparar el resto de la receta. Así que solamente las comía cuando no tenía planes de salir de la casa ese día 😀
Pero extrañaba tanto las lentejas preparadas como lo hacía mi mamá (basada en la receta clásica chilena) con marraqueta (o pan francés, como le decimos en el sur de Chile) y ajípebre chileno, y para mí tuvieron ese efecto hermoso de reconfortar el cuerpo y el alma por estar asociadas al amor materno experimentado en la niñez. Ese efecto en el caso particular de las lentejas (y que lo extrapolo a mi experiencia emocional con otros alimentos que no caben dentro de las pautas del Paleo) ha sido más valioso para mí que los posibles antinutrientes que puedan contener las legumbres o su efecto no-muy-agradable en mi sistema digestivo. Mi decisión ha sido seguir mi intuición alimentario y emocional, y probar comiendo lo que mi cuerpo me pide.
El sanar mi tendencia hacia la ortorexia ha conllevado un proceso de aprender lentamente a tratarme a mí misma con cariño, a hablarme con compasión, a tenerme paciencia… Recordar que hay partes mías que tienen miedo, que son las Kari de los 4 años, la Kari recién nacida, la de 15 años, y que necesitan ser escuchadas, amadas y protegidas. Sigo en el proceso de aprender a tratarme a mí misma y mirarme a mí misma de la forma en que lo hago con mis consultantes de health coaching: con cariño, curiosidad y compasión.

He estado aprendiendo cómo quererme más e indagando en mi estilo de apego, daños de apego, trauma religioso y otros traumas, con el acompañamiento de una psicóloga especialista en el trastorno post-traumático complejo quien emplea modalidades como Sistemas de familia interna (IFS) y EMDR. También con el apoyo sumamente importante de libros (como No Bad Parts (No hay partes malas) de Richard Schwarz, When Religion Hurts You (Cuando la religión te hace daño) de Dr. Laura E. Anderson, y Polysecure de Jessica Fern) y podcasts (Sunday School Dropouts, We Can Do Hard Things, The Man Enough Podcast, y cualquier entrevista que haya dado Alok Vaid-Menon). Y con el soporte inestimable de mis seres queridos con quienes he tenido horas y horas de conversaciones profundas y cuestionamientos claves, quienes me ayudan a mirar las diversas circunstancias de la vida desde puntos de vista distintos al mío, con quienes he estado aprendiendo a abrirme a la vulnerabilidad y a confiar en le otre (y a confiar en mí misma, nada fácil cuando te has criado en un contexto donde debes confiar únicamente en una deidad), a expresar lo que necesito, a expresar mis temores e inseguridades, a acercarme al conflicto en vez de salir corriendo cada vez que veo que hay tensión interpersonal, o cuando mi sistema nervioso huele siquiera un aire de tensión…
Me inspira la idea de “wounded healer”, algo así como sanador dañadx. O sea, apreciar nuestros daños porque nos han permitido aprender, crecer y sanar, y luego emplear esos aprendizajes en nuestro trabajo de sanación (ya sea diversas modalidades de terapia, coaching, medicina, etc.) con la humanidad y la tierra. Lo he estado haciendo hace años, pero quiero de manera aún más intensionada acompañar a mis consultantes en health coaching desde el lugar de aprendizaje, crecimiento y sanidad al que me he ido acercando en mi propia vida.
¿He llegado a un lugar de plenitud total? No. Creo que será un proyecto, una aventura tipo expedición, de toda la vida, un trayecto que a veces logro mirarlo con expectación y esperanza, y en otros momentos lo veo con una sensación de agobio. Pero lo genial de ser un ser humano es que no necesito lograr la perfección para disfrutar esta vida y poder ser de apoyo y ayuda a otres. Francamente, la perfección es una imposibilidad. Pensar y creer que podemos lograr la perfección simplemente servirá de desaliento y motivo para darnos por vencides. Pero es allí, en la imperfección, donde podemos encontrar oportunidades de crecimiento, de transformación y tanta tanta tanta belleza.

Siento que tengo mucho que ofrecer al acompañar a mis consultantes de health coaching a interrogar, con curiosidad y compasión, nuestra relación con el alimento, nuestra relación con el control, la pureza/limpieza/virtud, la ansiedad, el encontrar una identidad, y cómo todo eso se relaciona con cómo decidimos alimentarnos. Y a la vez, encontrar una forma de alimentarse y moverse que les ayude a sentirse mejor, tanto en síntomas físicos como emocionales y energéticos. (Y no, no es una meta imposible de lograr, queride.) Quiero apoyar a mis consultantes a volver a descubrir (o a descubrir por primera vez) la diversión, el asombro, mirar la vida y al mundo con la curiosidad de la niñez, explorar expresiones creativas que les traen alegría, el alivio y la ligereza de llevar una vida más simple y sencilla, encontrar o generar comunidad que les llene el corazón, hallar formas de relacionarse con esta hermosa tierra que resuenen con su ser, o cualquier otro viaje de auto-encuentro que le consultante quiera emprender.

¿Quieres trabajar conmigo, tenerme de apoyo y compañía – tenerme de cheerleader – en tu proceso de autodescubrimiento, al paso que tú elijas, de maneras que se alinean con tu forma de ser y con tus valores? Escríbeme en el formulario a continuación para calendarizar una llamada gratuita informativa donde podemos conversar de cómo podemos armar tu programa personalizado de health coaching de seis meses.
